Nadie dijo que el conocido como ‘sueño americano‘ fuera fácil. Ni siquiera que siempre fuera posible. Minari. Historia de mi familia (Lee Isaac Chung, 2020) muestra una versión intimista, conmovedora y desarraigada de esa experiencia. La de una familia surcoreana que se instala en la Arkansas rural con la ilusión de tener una vida que merezca la pena, pero a la que las cosas no le salen como esperaban.

Minari is truly the best. It grows anywhere, like weeds

soonja (Youn Yuh-jung)

La película escrita y dirigida por Lee Isaac Chung se basa en la propia experiencia del cineasta, que siendo niño vio la cara de espanto de su madre cuando descubrió que su nuevo hogar era una casa con ruedas en medio de la nada (como en el filme).

Esa conexión personal con la historia la dota de un carácter dulce y cercano que hace que ver Minari. Historia de mi familia sea un viaje que te toca el corazón. Porque entiendes las motivaciones y preocupaciones de los personajes, porque enseguida te dejas atrapar en su vida ‘anodina’, porque te identificas con sus anhelos, su desesperación y su dolor.

Minari. Historia de mi familia

Es curioso lo rápido que empatizas con los personajes. Y lo rápido que empiezas a ver con otros ojos eso del sueño americano, pese a que casi siempre te hayan mostrado una versión muy diferente de la experiencia (al menos en este tipo de películas, más cerca del género feel good que del melodrama).

Esta familia que habla en un idioma extraño y que tiene una cultura diferente podría ser la familia de cualquiera de nosotros. Quizá es por eso por lo que Minari está gustando tanto, porque en el fondo cuenta una historia universal, y una que versa sobre el pilar de nuestra existencia, el hogar.

En Minari. Historia de una familia no pasan grandes cosas, o al menos no lo parece. Pero las interacciones entre sus personajes, las miradas que hablan un mundo, los colores y hasta el aroma del campo que parece traspasar la pantalla… logran que no puedas despegar la atención de la pantalla. Y si a eso le sumas la conmovedora banda sonora de Emile Mosseri (nominada al Oscar, cómo no), quedas atrapado durante un buen tiempo en este rincón de Arkansas.

Minari. Historia de mi familia

Bonita

Al final, la primera palabra que te viene a la mente cuando terminas de ver Minari y piensas, ¿qué puedo decir de ella?, es ‘bonita’. Así de sencillo. En realidad, no tendríamos que contar nada más.

Bonita es la historia. Bonita es la luz. Bonita es la música. Bonita es la pareja que forman el pequeño Alan S. Kim, alter ego del director, y Youn Yuh-jung, que da vida a su abuela recién venida de Corea del Sur.

En realidad, aquí sí podríamos utilizar otro término, ‘adorable‘. ¿Quién no se ha quedado con ganas de más escenas de estos dos? Nadie, ¿verdad? Y, ¿quién no ha sentido como una lágrima le corría por la cara cuando la abuela miraba el mueble, o cuando el niño la alcanzaba en el clímax de la película? Solo los más resistentes, seguro.

Youn Yuh-jung en Minari. Historia de mi familia

¿La mejor actriz de reparto de la temporada?

A estas alturas de la temporada de premios, por cierto (falta una semana para los Oscar), Youn Yuh-jung es la favorita a hacerse con el premio de la Academia a la mejor actriz de reparto. No extraña, las cosas como son. Con solo unas pocas escenas y no mucho diálogo, construye un personaje arrebatador, irresistible y capaz de hacerte reír en un segundo para al siguiente encogerte el corazón.

El trabajo de Alan S. Kim, y el de Steven Yeun y Yeri Han (poco se está hablando de ella, ¿no?), también conmueve, sin duda. Pero no produce el mismo efecto.

Youn Yuh-jung en Minari. Historia de mi familia

Ponla otra vez

Con todo, Minari. Historia de una familia es una película dulce, cercana y preciosa, muy necesaria, eso también, en estos tiempos de fatiga pandémica en los que el cuerpo nos pide volver a las cosas sencillas.

Y una cosa más, gane el Oscar a la mejor película (es una posibilidad), atraiga al público a las salas, siga colándose en las conversaciones de cine, o nada de eso pase, Minari es una película que querrás ver más de una vez. Garantizado.


Nota: 8 / 10

Para recordar:

Su sencillez. Más que nunca, era necesaria.

La extraña pareja que forman Youn Yuh-jung y Alan Kim.

Su cálida banda sonora. Qué maravilla.

Las ganas que te deja de ver a tu familia. O de navegar por tus recuerdos de infancia. O de salir al campo y respirar.

Para olvidar:

El final, repentino.