Nomadland es poesía cinematográfica. Solo hace falta echar un vistazo a algunas de las imágenes promocionales, como esa en la que el personaje de Frances McDormand pasea con un farol encendido en la mano, para comprender por qué. Más allá de su historia, intensa en su simplicidad; o del buen hacer de su protagonista (que le ha valido un tercer Oscar); el principal motivo por el que Nomadland (Chloé Zhao, 2020) se te queda grabada en la retina es su riqueza visual. Pero para convertirse en la cinta más laureada de la temporada de premios más larga que se recuerda, hace falta algo más, ¿no?

I’m not homeless. I’m just house-less. Not the same thing, right?

fern (frances mcdormand)

Había una escena en Malcolm & Marie en la que él comentaba cómo los críticos muchas veces se inventan interpretaciones y dobles sentidos para explicar una historia que quizá solo pretende entretener. Antes de ponerme a escribir sobre Nomadland, esa escena me ha venido a la mente.

Porque lo que yo veo en el filme de Chloé Zhao quizá nada tiene que ver con lo que su autora (escribe, dirige y produce la cinta) tenía en mente, o con lo que tú, que estás leyendo esto, interpretas. Para mí Nomadland es una oda al hogar y a la familia, y lo es precisamente cuando la mujer que lleva el peso de la historia, Fern (McDormand), vive en una furgoneta con la única compañía de los desconocidos que va encontrando en el camino.

Nomadland

Un hogar no tiene por qué tener un tejado, del mismo modo que una familia no tiene por qué mantener lazos de sangre. Y en cada carretera, en cada cruce, en cada campamento… Fern busca aquello que le hace sentir que está en casa.

Cuando te fijas en los impresionantes paisajes de la América rural que Chloé Zhao potencia con su cámara, así como en esos pequeños placeres que van mostrándose en la trama, entiendes que alguien decida meterlo todo en un par de cajas y salir a la carretera. Al fin y al cabo, vivir trata de eso, ¿no?

Nomadland te acaricia, te hace pensar, te deleita… También te anima a saber más sobre estos nómadas modernos (muchos de los actores se interpretan a sí mismos), e incluso a plantearte si lo que estás haciendo con tu vida tiene algún sentido.

Frances McDormand en 'Nomadland'

Y tú, ¿con qué te quedas?

En Nomadland también puedes leer cierta crítica al sistema que deja desamparados a quienes lo han dado todo, o casi todo, por su país; así como una llamada a lanzarse a la aventura; o una carta de amor a la vida sencilla… Un montón de cosas, en realidad. Lo que está claro es que, te quedes con lo que te quedes, te deja una sensación de calma de la que es difícil desprenderse.

Vamos, que ofrece un cóctel de sensaciones una potente que es normal que haya dejado huella en medio mundo: León de Oro en el festival de Venecia, premio del público en Toronto, Globo de Oro, BAFTA, Critics’ Choice… y, como colofón, Oscar a la mejor película.

Frances McDormand y David Strathairn en 'Nomadland'
Frances McDormand y David Strathairn en ‘Nomadland’

Eso sí, Nomadland no es una película apta para todo el mundo, de esas que se siguen recordando décadas después y que la mayoría hemos visto (y vuelto a ver) en algún momento. Su ritmo es sosegado; sus diálogos, escasos; su apariencia, un tanto fría… Si no fuera por su abultado palmarés, no le habríamos prestado la misma atención (yo misma dudo de que la hubiera visto).

Pero si le das una oportunidad, es fácil que te conquiste, aunque sea momentáneamente.


Nota: 7 / 10

Para recordar:

La potencia visual de muchas de sus imágenes.

Frances McDormand, tan metida en el personaje que nos creemos que realmente es ella quien se ha echado a la carretera.

Para olvidar:

Le falta algo. Te quedas con ganas de más. Piensas, ¿es esta realmente la gran película de la temporada?